A veces uno se esmera por encontrar un papel tapiz especial, unos íconos de lujo, una combinación de colores atractiva y un protector de pantalla único. Luego cambia temporalmente la configuración visual de Windows, y cuando quiere volver a emplear la que tanto le costó crear descubre que ya no existe. Para que no le pase, es buena idea que guarde sus ‘temas’ personalizados.
Cuando tenga el que le guste, dé clic derecho sobre un espacio vacío del escritorio, seleccione Propiedades y dé clic en el botón ‘Guardar como’ en la pestaña Temas. Coloque un nombre a su obra de arte y dé clic en Guardar.
En adelante, siempre que quiera volver a usar esa combinación de elementos, dé clic derecho en el escritorio, seleccione Propiedades y búsquela en el menú desplegable Temas.
Cuando tenga el que le guste, dé clic derecho sobre un espacio vacío del escritorio, seleccione Propiedades y dé clic en el botón ‘Guardar como’ en la pestaña Temas. Coloque un nombre a su obra de arte y dé clic en Guardar.
En adelante, siempre que quiera volver a usar esa combinación de elementos, dé clic derecho en el escritorio, seleccione Propiedades y búsquela en el menú desplegable Temas.

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